miércoles, 6 de febrero de 2013

Ajedrez

Justo en ese momento en el que sentí nuevamente que una sonrisa iluminaba mi cara fue cuando pude dejarte verme.
Inesperadamente encontramos un punto de conexión inmediato, pegadizo y vibrante. Dulce, inacabado, constante.
La falta de paciencia nos llevó hacia ese lugar. Pudimos dar el espacio para sentir todo ese mar que llevábamos dentro, que aún no encuentra un cauce y sigue haciendo remolinos de agua.
El alboroto del comienzo del juego, genera ansiedad. La ansiedad crea una necesidad ficticia, que de vez en cuando se vuelve turbia, agridulce con un fondo de dulce de coco. Tantas palabras escribimos ya que por momentos todo se vuelve un divino presagio.
Todos los márgenes de tiempo pierden su forma y color natural. Todo se vuelve extremadamente saturado y cálido, muy cálido, muy intenso en forma y contenido. De pronto me doy cuenta que es verano! Y que todavía tengo mucho por soñar cerca del río.
Y sí, el olor de tu cuerpo me transmite paz.
El permitirme dejar en algún lugar, encerrado, ese árbol en esa tarde de sol.
Los diálogos son eternos y hasta perduran en la mente y el corazón.
La distancia del cuerpo físico, no impide sentirnos cerca, eso, es mágico.

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