jueves, 13 de marzo de 2014

La fuente mágica de La Paternal

El sol pega fuerte
pega tanto que entra por la ventana
se inmiscuye en la cama
en mis ojos
me desvela.
Son las seis de la mañana, me levanto- preparo café- abro la llave de la ducha y...
La cocina, Un Mar.
Peces, miles de peces de colores salen, de distintos rincones y no sé como pararlo.
El agua inunda la cocina, el agua que sale desde el termotanque sin mesura, sin ningún tipo de límite, se choca con los azulejos, salpica, me moja. Los peces rodean mi cara, bailan una danza de colas, de aletas de colores, de escamas plateadas y ojos duritos y redondos.
Entretanto la cafetera se desborda, el café se alborota, lo que queda seco de mi pijama y mi cuerpo
es mojado y embadurnado de café caliente y yo pienso y siento que son muchos impulsos para tan tempranas horas de la mañana... empiezo a retroceder, me empuja el agua que se aproxima con una furia de Titán a la mesita de vidrio, esa donde reside Rayuela, un par de revistas Leoplán y una  caja con compartimentos y cositas.
Estiro el brazo para intentar correr la mesita y que no sufra de mis peripecias matutinas, pero no llego.
Rayuela se salva.
 Naufraga sobre el agua hacia el balcón y queda ahí al sol, para permanecer sequito.
Las Leoplán se empapan, Revistas que sobrevivieron más de sesenta años sufren el ahogo en una inundación en el barrio de la Paternal. Ese sería el titular de crónica... o tal vez algo más fatalista...
el papel de tal gramaje queda blando, blando como una toalla que estuvo demasiado tiempo al borde de una pileta de natación. Así.
Afortunadamente no llegan a desmenuzarse.
Sobre la heladera siempre tengo un esnorquel, por cualquier eventualidad.
Me lo pongo. Los pececitos de colores me rodean y de golpe me siento buceando en un océano hermoso y soleado, nado, por el departamento, cierro la puertabalcón y mi casa es una pecera. Soy una sirena en mi propio hogar -pienso- y bailo con el sol y el agua y me olvido del café, del trabajo, incluso de la humedad... porque ya es parte.
Me siento en una película de Esther Williams, capaz ella tenía también esos problemas con el termotanque y por eso decidió dedicarse a eso de nadar y hacer películas no?
Me desdije absolutamente de la ridiculez que había pensado a los segundos.
Los peces de colores eran cada vez más, la presión del agua aumentaba y aumentaba y el termotanque no le daba respiro El café había dejado una aureola marrón en el océano y yo seguía maravillada con mi capacidad de aguantar la respiración.
Nadé a la canilla. La encontré. La cerré
Intenté nadar a la puertabalcón, abrir de algún lado para que vaya saliendo de a poco el agua...
Imposible de Frenar.

Desde un balcón de la Paternal, cuentan los vecinos, que salieron miles de peces de colores, revistas, cajones de verdura pintados, un atril, banderines, una essem, almohadones, tazas, vestidos y zapatos.
Por último una chica con- un- pijama- azul- empapada- toda- despeinada- con un gato negro en brazos y restos de café en el pelo, cara y cuerpo.
De casualidad, el acontecimiento sucedió minutos después de que muchos niños salieran de la escuela primaria ubicada a metros, sino, hubiera sido una hecatombe, un desastre, o alguna de esas anécdotas que perduran y perduran en el barrio, como los árboles de la plaza de Pappo.

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