Me ablandaba, me segregaba, me supuraba
Me daba vueltas, me
merodeaba, me acontecía
Se acercaba, me
estrepitaba y me estremecía
Y no puedo dejar de pensar
en esos momentos
Plagados de tés y cafés
Repletos de música y
libros
De residuos de noches
luminosas
y cálidas como el día
De saltos a grandes vacíos
sin miedos que ronden ningún lugar
Porque no existe el miedo
ante tremenda libertad
No existe el miedo en la
entrega más pura
No hay más que abrazos y
besos que se escurren en las sábanas
en las mesas
que se chorrean
como el dulce de leche
caliente de una torta
con una masa que se
apelmasa y se apoltrona
con tal de no perderse de
tu abrazo
con tal de no salirse de
la raya a donde vas a pegar el próximo salto
y medirte
para equilibrar
Y tengo miles de palabras
que no puedo enlazar y quieren salir
y las emociones que
contengo, que me nacen
no tienen nombre
tienen color
y sabores que se mezlcan
que rondan lo dulce
con lo amargo de un café
caliente
Con los sinsentidos de la
dialéctica y de la mente
Que nos juega malas
pasadas o muy buenas
a veces tanto
tan buenas
que son inmensamente increíbles
Como el día
que por primera vez me
dijiste te quiero en un correo
como el día
que nos chocamos y de ahí
salieron fuegos aritficiales
como los que salen de los
edificios altos en Tokio
para año nuevo
Y no sé qué escribir
pero no puedo parar
no puedo parar de pensar
ni de sentir
En que todo esto
estos encontronazos con
tantas que tengo adentro
Tienen todas que encauzar
a algún mar.
A algún río
O simplemente a una playa
Donde pueda respirarte y desplumarnos
en algún minúsculo grano
de arena y en lo profundo del tiempo
en la infinitud de esta
vida
donde es todo completo
Me completaba
Me comtemplaba
Me sonreía
