jueves, 23 de enero de 2014

Desde, En, Entre

Empiezo a tener unas disitabundas y meliciosas ganas de sobrepasar algunos limites extracotidanos.
Contemplé tu mirada desde algún rincón, de algún bar, de alguna calle y en algún país, deslizándome suntuosamente por los avatares de tu espalda, canturreandote melodías saranderas al oído y empezando a visualizar a lo lejos un atardecer morbosamente colorado. Olías tanto a carne, a carne viva, a piel, a sudor dulce, dulce melón - durazno - pera. O todo junto y manoseandose los olores.
Yo no sabía si posarme en tus ojos, en tus labios o en tus oídos. Por momentos deseaba profundamente que te dieras vuelta y me vieras la cara. Por momentos me escondía más, para ser solo un susurro de tu sombra y que solamente pudieras percibir el olor a menta fresca - limon que te hacía entrecerrar los ojos tan dulcemente.
Cotoneabas el cuerpo casi tanto como la mente, que bailaba una danza lenta pero densa, que se dejaba entrever de un color cálido.
Te sentía tan distantemente cerca que me estrepitaba
Sabía que de alguna forma ibas a percibir que te estaba mirando. Tal vez con tu silencio, tal vez con tu tensión muscular sumamente innecesaria. Tal vez con esa especie de tocecita absurda que soltabas un poco sin querer.
Tal vez no y yo me sentía más acentuadamente importante de la cuenta. Decidí bajar la vista y seguir pensando como escribir una historia desde lejos.


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