Y de alguna manera que no supe controlar, que no pude ver ni premeditar, que no pude medir ni nombrar, tu alada fisonomía se me plantó de frente.
De atrás mejor dicho
yo estaba detrás,
vos dijiste algo de un libro, de un libro de carnaval, que compartimos maravillados casi secretamente en una mirada, en un primer gesto llamativo y que era el iniciador de esa mirada fugaz que por encima del respaldo de un asiento de auto me regalabas con ternura.
Y el libro nos conectaba en un punto de conversación, ese primer puntapié seminecesario para cualquier vinculo precario de la madrugada de un feriado caluroso y húmedo.
Y ahí nos encontrábamos. En un patio interno de baldosas claras y macetones con plantas, era de día y el sol empezaba a pegarnos de alguna manera creciente, que por los devenires de la noche, mi cabeza ya había dejado de seguir para posarse netamente en tus ojos.
Y hablamos. Hablamos de libros, hablamos de historias de libros, de poemas, de niños y de escuelas, de patios, de rayuelas, dados, poemas, globos, cronopios y famas.
Y entramos en una vorágine de sensaciones inmediatas, que nos conectaron tanto, pero tanto, de una manera tan pura, natural y sublime que no tuvimos más remedio que evocar a la proximidad.
Y ahi estábamos
con la cara en la piel del otro
y con ese beso
tan puro
c´est l´amour, mon cherie fleur inmortelle (:
ResponderEliminar