Que te caigas por un puente de telas negras y te alejes vos y tu rectitud mental. Yo persigo un sueño lleno de canciones que te traen acá en imágenes y hologramas.
La insatisfacción colectiva me desborda como el sesenta a la siete de la tarde.
Soy un espasmo de mujer, una cosa débil que se abre como un pollo de madrugada para ser rellenado en año nuevo.
Gracias por abrir la puerta y dejarme con una bandada de pájaros nauseabunda, titubeante y muerta saliéndome desde el pecho.
Vos vaciando tus cuerdas en otra saliva, limpiando tu sangre con otras jeringas, despuntando poemas entre otras piernas, dejándote caer y sostener por otras pieles, con esa costumbre ociosa de morirse cada vez, con esa costumbre de corroerse, de dejarse ir.
Tengo entre mis manos tu cabeza calva y hay algo en mi que se abre al espacio.
Me toco la cabeza y me pregunto en-qué-momento-dejé-de-admirarte.
Ya no es posible que todas las comunicaciones estén atravesadas por la chapa de tu ego.
Me mirás con algo de repugnancia y tu cola cetácea se envuelve entre los sueños.
Cooptaste en mí la ciudadanía de mi infancia y ahora te imagino siempre jugando cerca.
Un reproche careta sobre mí misma comparten en un café las vírgenes de mi memoria.
Pálidas medias de red tres cuartos rompen con mi conciencia tibia de charol.
No quiero saber nada más de los sonidos que emergen de la rockola de tu alma, de tus pasos finos por el pasillo estrecho, que termina en una cortina de fondo con un cartelito metálico que dice Vermouth. Ponemos uno
dos limones
hielo, es digestivo.
Destruí tu tempestad gritando soda con burbujas, gritando un poco de limón ácido.
Que se salven ahora todas las vacas de estar muertas, que cabalguen encima de dulces y perezosas arpías y que desde el fondo del mar, desde lo más profundo vuelvan implorándole con alaridos a la luna.
Yo siempre evocando criaturas de la noche.
Qué común, qué visto.
Somos tantas, tantas otras, tantas que vamos a matarnos de sed, de sed de fuego, con el intelecto cansado con las rodillas vacías, llenas de arena del desierto, con el cuerpo pesado
con-la-boca-hecha-un-alud
Subidas todas a una pira funeraria para sacrificarnos, para inmolarnos, para dormir o, tal vez, para extinguirnos al sol.
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