Corría un pasillo a toda velocidad. Un pasillo antiguo, un pasillo de PH. Las paredes descascaradas y el olor a humedad se pregnaba en el ambiente. En un momento dado, siente la necesidad de correr por ese mismo lugar, con un carrito de compras. El pasillo, ilimitado, largo y profundo abría sus surcos según las ondulaciones de la tierra. No se veía nada más que las paredes que la apretaban hacia los costados, como intentando impulsarla hacia adelante. De pronto, ese carrito de compras, era perseguido por una sirena de policía. La velocidad de la carrera aumenta, el pulso se acelera.
Ella sentía el miedo. El olor a miedo y a humedad la obligaba a seguir a toda velocidad por ese inconmensurable y lánguido pasillo. Ese pasillo putrefacto de arrabal. La carrera ya no tiene pausa, es imposible volver atrás. La luz disminuye y todo se tiñe de un azul profundo, cada vez más olor a humedad, ahora mezclado con el sudor que emana de la carrera. La necesidad de escapar de aquello que la persigue es más fuerte que el miedo, el miedo corre.
Inesperada puerta. No pudo frenar. Golpe, choque. Atravesó un vidrio grueso, esmerilado como las botellas antiguas. El dolor del vidrio en la carne. la carne viva atravesada por el vidrio y el metal. Las ruedas del carrito de compras, junto con su cuerpo salen despedidos por el aire. La caída. El silencio. La paz.
ante la imperiosa necesidad de querer contrarlo todo, sólo tuve la idea de crear mi propio dominio
jueves, 31 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
Sí. Sinceramente hay días en los que me gustaría salirme de adentro. Salir desde lo más interno y profundo a lo más amplio y abierto, a lo más descampado y estéril. A Algún lugar donde no haya nada más que nada, donde el pensamiento no exista, ni la televisión, ni los pochoclos, ni la internet. Sin tiempo ni espacio. Un letargo de la vida, donde se puedo uno limpiar. Tranquilo. Volver limpito, fresco e inocente.
Lo mejor sería poder recordar ese momento estéril, con lo cual, la memoria tendría que estar presente y activa... eso implicaría una parte del pensamiento, pero nada más. El resto, nada, sólo el recuerdo, sin ninguna construcción de idea, de terceridad, de ley o razón.
La razón es aquello que los hombres y mujeres utilizamos para darle explicación a todo lo que habita en el mundo y por fuera de él también, incluyéndonos a nosotros mismos. El inconveniente, es que la razón no todo lo puede y no todo lo alcanza, es ahí donde entra al juego la fe.
El mero hecho de creer en algo implica que no se sabe si eso en que se cree, es o no verdadero. Es necesario, comprobarlo. Pero a veces, el sólo creer, nos obliga impetuosamente a crear.
Así como según muchos (en los que me incluyo) el hombre creó a Dios, todo lo que nos rodea, para que podamos crearlo, es necesario que sea algo en lo que creemos. Si yo no creo en la existencia de esta computadora, difícilmente pueda hacer uso de ella, de sus recursos, de su teclado en este caso.
Una vez llegué al punto máximo de falta de fe. Por varios motivos, pero ya fonéticamente no me convencía... había algo entre ella y yo que no concordaba... tengo la sensación de que no tenemos mucha piel.
Lo mejor sería poder recordar ese momento estéril, con lo cual, la memoria tendría que estar presente y activa... eso implicaría una parte del pensamiento, pero nada más. El resto, nada, sólo el recuerdo, sin ninguna construcción de idea, de terceridad, de ley o razón.
La razón es aquello que los hombres y mujeres utilizamos para darle explicación a todo lo que habita en el mundo y por fuera de él también, incluyéndonos a nosotros mismos. El inconveniente, es que la razón no todo lo puede y no todo lo alcanza, es ahí donde entra al juego la fe.
El mero hecho de creer en algo implica que no se sabe si eso en que se cree, es o no verdadero. Es necesario, comprobarlo. Pero a veces, el sólo creer, nos obliga impetuosamente a crear.
Así como según muchos (en los que me incluyo) el hombre creó a Dios, todo lo que nos rodea, para que podamos crearlo, es necesario que sea algo en lo que creemos. Si yo no creo en la existencia de esta computadora, difícilmente pueda hacer uso de ella, de sus recursos, de su teclado en este caso.
Una vez llegué al punto máximo de falta de fe. Por varios motivos, pero ya fonéticamente no me convencía... había algo entre ella y yo que no concordaba... tengo la sensación de que no tenemos mucha piel.
sábado, 5 de enero de 2013
Siempre sentí que mientras soñaba estaba viviendo en otro mundo. Que en esos sueños podía permitirme la emancipación de toda ley o regla y poder hacer cualquier cosa que desee.
Pero el inconsciente, a veces amigo de los niños, se presenta misterioso para los adultos y no deja de mostrarme su hilacha. Una hilacha brillante y puntiaguda, con forma de cuchillo tramontina, con dientes para apoderarse de a poco de aquello que me queda sano. O que al menos siento sano.
Esa es la sensación de la pesadilla. La pesadilla es ese lugar en el que todos los peores pensamientos se consuman en sólo un momento y se produce una especie de pánico de que Eso sea Real.
Es esa sensación de querer y no poder. De querer despertar, de querer golpear y que el golpe salga torpe y denso, de querer correr y que las piernas no funcionen... es ese momento en el que pienso: y sí que se vaya todo a la mierda, entonces me permito hacer cualquier cosa, cualquier cosa que sirva para salir de ahí o para desde ahí intentar cumplir mi deseo, que aparece frustrado en la pesadilla. Como aquello que está ahí riéndose en mi propia cara porque no puedo alcanzarlo.
La obstinación con la que se maneja el ser humano es increíble. Nos sumergimos en ese mundo de deseos que es a veces tan palpable y denso, tan creíble y tan doloroso. Y cuando resulta bien, tan placentero!
El sueño es ese momento en el que todos nos encontramos tan cerca de nosotros mismos que a veces todo se vuelve algo confuso, difícil de entender y hasta indescifrable. Es ese momento en el que realmente siento que mi cabeza es una especie de ensalada Waldorf que abunda en manzanas.
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