viernes, 18 de enero de 2013

Sí. Sinceramente hay días en los que me gustaría salirme de adentro. Salir desde lo más interno y profundo a lo más amplio y abierto, a lo más descampado y estéril. A Algún lugar donde no haya nada más que nada, donde el pensamiento no exista, ni la televisión, ni los pochoclos, ni la internet. Sin tiempo ni espacio. Un letargo de la vida, donde se puedo uno limpiar. Tranquilo. Volver limpito, fresco e inocente.
Lo mejor sería poder recordar ese momento estéril, con lo cual, la memoria tendría que estar presente y activa... eso implicaría una parte del pensamiento, pero nada más. El resto, nada, sólo el recuerdo, sin ninguna construcción de idea, de terceridad, de ley o razón.
La razón es aquello que los hombres y mujeres utilizamos para darle explicación a todo lo que habita en el mundo y por fuera de él también, incluyéndonos a nosotros mismos. El inconveniente, es que la razón no todo lo puede y no todo lo alcanza, es ahí donde entra al juego la fe.
El mero hecho de creer en algo implica que no se sabe si eso en que se cree, es o no verdadero. Es necesario, comprobarlo. Pero a veces, el sólo creer, nos obliga impetuosamente a crear.
Así como según muchos (en los que me incluyo) el hombre creó a Dios, todo lo que nos rodea, para que podamos crearlo, es necesario que sea algo en lo que creemos. Si yo no creo en la existencia de esta computadora, difícilmente pueda hacer uso de ella, de sus recursos, de su teclado en este caso.
Una vez llegué al punto máximo de falta de fe. Por varios motivos, pero ya fonéticamente no me convencía... había algo entre ella y yo que no concordaba... tengo la sensación de que no tenemos mucha piel.



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