jueves, 20 de febrero de 2014

delDesamorAmor


Todos los momentos eran así. Plagados de pulmotores, plagados de sinsentidos, plagados de mugres innecesarias que lo único que hacían era corroer ese poco espíritu que les quedaba.
Había veces que se los percibía enteramente enajenados, entre ellos, entre el uno y el otro, entre el mundo... ese desgaste eterno que producía otra-discusión-más.
Esas pocas ganas de volar y de solamente seguir revisando la basura, regurgitando la comida, reabriendo entrañas, visceras, músculos ya cocidos.

El aliento era dulcemente triste, de a momentos sabían que se regodeaban de esa melosa tristeza, de esa melancolía eterna por lo que podría haber sido y no fue... de a momentos ella decía que la tristeza era estéticamente bella, el asentía con la cabeza, le besaba tiernamente la frente y seguía leyendo.
No podían dejarse. No podían estarse tampoco. No encontraban en el mundo un lugar que le quedara lo suficientemente cómodo, lo suficientemente amplio o lo suficientemente acogedor, ni siquiera lo suficientemente disfrutable. Nada se completaba nunca, nada conformaba pero a la vez todo, absolutamente todo podía generar disconformidades de todas las índoles posibles.
Algunas cosas en ellos eran incomprensibles. De a ratos paseaban por la calle, ella sosteniendo un cardigan azul con lunares y él un libro. Se sentaban en el parque, al pasto. El le leía un poco, ella se mantenía callada, mirando como se le movían los minúsculos músculos de la mandíbula mientras le leía.
Se perdía en los rincones de su sonrisa. Ambos se perdían, se perdían como cuando uno va por primera vez a algún lugar desconocido, como el primer día de cualquiera en una nueva escuela, en un nuevo curso, deseosos de perderse, de perderse un poquito aunque sea.
Esos mismos arrebatos solían ser a veces contraproducentes. Inevitablemente en algún momento, alguna palabra, algún gesto de tantos que se repetían y se realimentaban generaba una molestia, una nueva inseguridad, un nuevo celo, una nueva caricia invasiva y acechante de un otro misterioso, una nueva perspectiva que se abría cada vez más grande y dolorosa.
Así vivían
Así se elegían
Todos los días y el tiempo
Todas las mañanas, a través de todos los abrazos
Buscándose para encontrarse otra vez, desde otro lugar
Sintiéndose por pura y mera necesidad
Imposibilitándose volar alto, mientras no sea juntos
Lejos del despegue, pero cerca, muy cerca del otro.

1 comentario:

  1. wow.... me encantó. ME EN-CAN-TO :) muy especialmente el final, la poesía que condensa tan poderosa y hermosamente bien el por-qué-no, el por-qué-sí. Te quiero

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