Todos los momentos eran así. Plagados
de pulmotores, plagados de sinsentidos, plagados de mugres
innecesarias que lo único que hacían era corroer ese poco espíritu
que les quedaba.
Había veces que se los percibía
enteramente enajenados, entre ellos, entre el uno y el otro, entre el
mundo... ese desgaste eterno que producía otra-discusión-más.
Esas pocas ganas de volar y de
solamente seguir revisando la basura, regurgitando la comida,
reabriendo entrañas, visceras, músculos ya cocidos.
El aliento era dulcemente triste, de a
momentos sabían que se regodeaban de esa melosa tristeza, de esa
melancolía eterna por lo que podría haber sido y no fue... de a
momentos ella decía que la tristeza era estéticamente bella, el
asentía con la cabeza, le besaba tiernamente la frente y seguía
leyendo.
No podían dejarse. No podían estarse
tampoco. No encontraban en el mundo un lugar que le quedara lo
suficientemente cómodo, lo suficientemente amplio o lo
suficientemente acogedor, ni siquiera lo suficientemente disfrutable.
Nada se completaba nunca, nada conformaba pero a la vez todo,
absolutamente todo podía generar disconformidades de todas las
índoles posibles.
Algunas cosas en ellos eran
incomprensibles. De a ratos paseaban por la calle, ella sosteniendo
un cardigan azul con lunares y él un libro. Se sentaban en el
parque, al pasto. El le leía un poco, ella se mantenía callada,
mirando como se le movían los minúsculos músculos de la mandíbula
mientras le leía.
Se perdía en los rincones de su
sonrisa. Ambos se perdían, se perdían como cuando uno va por
primera vez a algún lugar desconocido, como el primer día de
cualquiera en una nueva escuela, en un nuevo curso, deseosos de
perderse, de perderse un poquito aunque sea.
Esos mismos arrebatos solían ser a
veces contraproducentes. Inevitablemente en algún momento, alguna
palabra, algún gesto de tantos que se repetían y se realimentaban
generaba una molestia, una nueva inseguridad, un nuevo celo, una
nueva caricia invasiva y acechante de un otro misterioso, una nueva
perspectiva que se abría cada vez más grande y dolorosa.
Así vivían
Así se elegían
Todos los días y el tiempo
Todas las mañanas, a través de todos
los abrazos
Buscándose para encontrarse otra vez,
desde otro lugar
Sintiéndose por pura y mera necesidad
Imposibilitándose volar alto, mientras
no sea juntos
Lejos del despegue, pero cerca, muy
cerca del otro.
wow.... me encantó. ME EN-CAN-TO :) muy especialmente el final, la poesía que condensa tan poderosa y hermosamente bien el por-qué-no, el por-qué-sí. Te quiero
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