martes, 25 de febrero de 2014

Querida Mariel

Querida Mariel:
En este preciso momento estoy recordando nuestro último encuentro, en ese ultimo bar, el día ese que llovía tanto y entramos a esa pizzería, como hacía calor decidimos sentarnos afuera, yo te esperaba, ansioso, te había esperado minutos antes en la puerta y cuando llegaste decidimos entrar y al final, volvimos afuera.
Querida Mariel, yo tenía ese día tenía puesta una camisa, que te gustaba tanto, esa leñadora que me regaló mi tia Nelly para mi cumpleaños, querida Mariel, me la puse y pensé: es para ella, hoy la recupero, hoy vuelve y vamos a volver a ser felices, qué ilusiones querida, cuántas ilusiones...
Querida Mariel, te dejé hablar primero, te dejé hablar primero porque vos estabas con un entripado, con un entripado triste y doloroso, vos no sabías volar querida, vos no sabías, no podías... no querías...
A vos te dolían tus palabras más que a mi querida, lo sé... Te veo en el bar, todavía te veo, ahi sentada, yo con un regalo que te había llevado del lado de mi mano izquierda, apoyado sobre la mesa y acompañado de tabaco sin prender.
Querida, te escuché. Te oí decirme todo, todo eso que tenías para decirme. Te escuché y los ojos se me llenaron lentamente de un mar. Se llenaron tanto que empezaron a gotear tanto como la lluvia, de la que nos salvaba un pobre  toldo, por el que las gotas se le escurrían casi de la misma manera.
Todo ese momento lo recuerdo tan agrio, tan ácido... tuve miedo querida Mariel, tuve miedo de perderte, y ya no te encontraba. Te tenía enfrente y no te veía. Tus palabras no eran tuyas ni vos tampoco ya eras mía.
Eras casi parte de una escenografía de un teatro Mariel, querida mía.
Y yo estaba ahí, sentado enfrente tuyo, escuchandote todo, sintiendote como nunca ni como a nada, eras eso que me estaba atravesando el cuerpo en todos los sentidos, eras un hisopo gigante Mariel querida, un hisopo gigante cargado de ácido nítrico sin disolver, y tu presencia sola me perforaba las entrañas.
Eras eso y a la vez eras el beso que sanaba, porque no lo hacías con maldad Mariel querida, no lo hacías con maldad, sé que lo hacías para cuidarme querida, lo sé. Sé que me alejaste de tu tormeta porque había-derivado- en- tornado y ya no podías con vos misma, ya no podías y no tenías forma de pedirte vacaciones o licencia, porque eso te podés pedir solo en los trabajos Mariel, querida mía, por más que te vayas te llevas todo, te llevaste todo y me dejaste tanto Mariel, tanto me dejaste acá que ahora te escribo esta carta Mariel, te escribo esta carta para que veas, para que me veas otra vez, sentado en esa silla, regalándote ese perfume que tanto te gustaba, contemplándote como te ibas, como te alejabas y yo lloraba abajo de la lluvia, lloraba Mariel, lloraba en la lluvia porque te amé Mariel, y así se lava uno, llorando y abajo de la lluvia.



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