Siempre lavaba los platos en una posición inestable. Parada pero como en puntas, improvisando una quinta posición enredadísima en sí misma, ensimismadisima mientras que fregaba la esponja contra un plato playo de los que le había regalado la abuela. Tenían un borde azul, de florcitas que se dejaba espiar atrás de las burbujas del detergente. Y de golpe, un nubarrón verde, de la esponja que se atravesaba entre los dedos. Eso era un rito. Un mantra que ocurría todos los días, de todos los años, de todos los veranos.
No paraba de hablar.
No paraba.
Ya no sabía muy bien con quien hablaba. A veces, la gente que la escuchaba hablar, pensaba que hablaba para ella. Por el mero gozo de querer escucharse. Por el ego, por el no sé qué de eso de la energía de la materia del cosmos.
Pensaba que era una gran oradora. Siempre sentía que tenía algo interesante para decir, para acotar, para comentar, para agregar, pero un día pensó si eso que pensaba que era interesante, sería interesante para los demás.
-Ah... los "demás"
Ahí me vió.
Me dijo - te teñiste.
Le dije - sí anoche.
- Ah, te queda lindo
- Gracias.- Contesté
Miró el plato y se quedó unos segundos mirándolo. Descruzó las piernas, aflojó los hombros y después se le escapó un suspiro. Muy largo.
Y siguió hablándome de que no sabía si en realidad a ella le quedaba bien el azul el violeta el rojo o que color porque cuando viajó a Budapest en el cuarenta y tres todos le decían ché! que lindo te queda ese color y ella no se acordaba de cual era y que le gustaría saberlo porque se siente tan sola y no sabe si llamar a Ricardo o a Mabel para que le den algun dato ellos que se acuerdan siempre de todo pero que le da cosa porque mirá qu hora es? la gente no llama a esta hora y menos por esas pavadas pero sé que mañana me voy a olvidar...
ante la imperiosa necesidad de querer contrarlo todo, sólo tuve la idea de crear mi propio dominio
martes, 15 de octubre de 2013
lunes, 23 de septiembre de 2013
El amor sí existe
Hola, sí qué tal. Cómo estás?
Yo bien... te llamo porque te extraño.
Sí, ya sé, nos vimos pocas veces, dormimos juntos como seis veces pero a veces me pasa que me despierto y te extraño.
Te huelo entre los poros de mi piel. De golpe me sale un algo que no me pertenece y me acuerdo. De vos.
De tu forma de dormir. Dormís raro sabes?
Sí, ya sé que raro no es una palabra muy romántica pero que querés que te diga. Te extraño.
Piénsote casi todos los días y pienso: me extrañará?
Qué pensará si sabe que lo pienso?
Qué pensara de que lo piense tan seguido?
Se sentirá pensado?
Pesará sentirse pensado?
Yo me siento un poco pesada llamándote y escribiendote y estándote. Pero pensandote me siento más pesada que lo normal. Tal vez por eso creo que me pensás.
Porque sólo yo sé que te pienso...
Bueno... ahora vos también lo sabés.
Sabés, me acuerdo no?
Me acuerdo de esas cosas que hablabamos, de como nos gustaba hablar de libros, de películas, de arte.
De como nos regodeabamos de nuestro saber, de nuestra cultura general, escueta al lado de otras.
De como, cada momento era una aventura tierna.
Y te extraño y me doy cuenta que te amo.
En realidad no, no te asustes, no te amo a VOS.
Amo lo que me hiciste, esa sensación de poder sentir que podés amar a alguien.
Esa sensación de que el amor SI EXISTE.
De que hay como algo más allá de nosotros que nos atraviesa.
Volví a leer Rayuela y me acuerdo de vos.
Porque son nuestras conversaciones años atrás, en un libro.
En otro tiempo y en otro lugar.
Las nuestras como las de tantos otros, no somos tan especiales.
No me gusta hablar de somos, nosotros no somos.
No fuimos nunca
No seremos tampoco creo...
Me gustaría llegar y que debajo de la puerta me hayas dejado una carta.
Un cartel.
Una factura de gas.
No sé, algo.
O un mensaje que diga: te extraño
Pero no.
El amor no se elije.
Pero sí existe, eso seguro.
Yo bien... te llamo porque te extraño.
Sí, ya sé, nos vimos pocas veces, dormimos juntos como seis veces pero a veces me pasa que me despierto y te extraño.
Te huelo entre los poros de mi piel. De golpe me sale un algo que no me pertenece y me acuerdo. De vos.
De tu forma de dormir. Dormís raro sabes?
Sí, ya sé que raro no es una palabra muy romántica pero que querés que te diga. Te extraño.
Piénsote casi todos los días y pienso: me extrañará?
Qué pensará si sabe que lo pienso?
Qué pensara de que lo piense tan seguido?
Se sentirá pensado?
Pesará sentirse pensado?
Yo me siento un poco pesada llamándote y escribiendote y estándote. Pero pensandote me siento más pesada que lo normal. Tal vez por eso creo que me pensás.
Porque sólo yo sé que te pienso...
Bueno... ahora vos también lo sabés.
Sabés, me acuerdo no?
Me acuerdo de esas cosas que hablabamos, de como nos gustaba hablar de libros, de películas, de arte.
De como nos regodeabamos de nuestro saber, de nuestra cultura general, escueta al lado de otras.
De como, cada momento era una aventura tierna.
Y te extraño y me doy cuenta que te amo.
En realidad no, no te asustes, no te amo a VOS.
Amo lo que me hiciste, esa sensación de poder sentir que podés amar a alguien.
Esa sensación de que el amor SI EXISTE.
De que hay como algo más allá de nosotros que nos atraviesa.
Volví a leer Rayuela y me acuerdo de vos.
Porque son nuestras conversaciones años atrás, en un libro.
En otro tiempo y en otro lugar.
Las nuestras como las de tantos otros, no somos tan especiales.
No me gusta hablar de somos, nosotros no somos.
No fuimos nunca
No seremos tampoco creo...
Me gustaría llegar y que debajo de la puerta me hayas dejado una carta.
Un cartel.
Una factura de gas.
No sé, algo.
O un mensaje que diga: te extraño
Pero no.
El amor no se elije.
Pero sí existe, eso seguro.
miércoles, 31 de julio de 2013
Mucha Agua
No abundan las ganas de levantarme.
Quiero mandar a todos a la mierda, A toda la gente, así, en fila.
Ponerlos en orden y de a uno, ir contando... primero vos, por esto, por aquello, por lo otro.
Segundo vos por tal, por cual, por quien...
Quisiera ser Tina Turner un día.
Levantarme y ser Tina Turner.
Por suerte no pasan esas cosas...
Pensaba en escribir algo super interesante
nunca llega el momento de que eso se concrete
Y sigo mirando el horoscopo, o esas cosas que hacemos las personas. Algunas. Sobre todo, lamentablemente, las mujeres.
O cosas como probarse ropa, o pararse horas enfrente de un espejo a sacarse los granitos.
Depende la hora, pienso en que si tengo que hacer algo más en el día que sacarme los granitos.
A veces no, o sí. En realidad siempre sí, y sí y sí... y pienso mil millones de cosas que debería hacer.
Y pensar en lo que tengo que hacer, solamente pensarlo me cansa.
A veces me gustaría pensar y decir: ya hice todo lo que tenía que hacer!
Y no eso generalmente no pasa...
Soy un adulto responsable
Soy un adulto responsable que no se mete el dedo en la nariz, ni mete los dedos en el enchufe, ni las manos en la lata.
Soy un adulto responsable que come bonobones y deja los papeles en el bolsillo interno de la cartera.
Soy un adulto responsable que nunca encuentra la sube cuando se para enfrente del lector, y el colectivero,generalmente, le dice: Pasá.
No soy un adulto tan responsable en general...
Cuando no tengo tiempo, disfruto tanto de pensar las cosas que haría si tuviera tiempo!
Y cuando lo tengo, me digo, uh... ahora no tengo ganas de hacer eso que quería hacer cuando tuviera tiempo.
Y así.
Ahora pintaría... pero solamente de tener que preparar todo para hacerlo, solamente de pensar en la preparación me canso.
Y me canso mucho,y ya me duele el cuerpo del cansancio.
Y además, que puedo pintar?...
Es tan dificil decidirse qué
Todo merece un lugar.
Todo queda en la nada.
Porque la nada es todo.
Y todo es tan amplio!
Y así.
Quiero mandar a todos a la mierda, A toda la gente, así, en fila.
Ponerlos en orden y de a uno, ir contando... primero vos, por esto, por aquello, por lo otro.
Segundo vos por tal, por cual, por quien...
Quisiera ser Tina Turner un día.
Levantarme y ser Tina Turner.
Por suerte no pasan esas cosas...
Pensaba en escribir algo super interesante
nunca llega el momento de que eso se concrete
Y sigo mirando el horoscopo, o esas cosas que hacemos las personas. Algunas. Sobre todo, lamentablemente, las mujeres.
O cosas como probarse ropa, o pararse horas enfrente de un espejo a sacarse los granitos.
Depende la hora, pienso en que si tengo que hacer algo más en el día que sacarme los granitos.
A veces no, o sí. En realidad siempre sí, y sí y sí... y pienso mil millones de cosas que debería hacer.
Y pensar en lo que tengo que hacer, solamente pensarlo me cansa.
A veces me gustaría pensar y decir: ya hice todo lo que tenía que hacer!
Y no eso generalmente no pasa...
Soy un adulto responsable
Soy un adulto responsable que no se mete el dedo en la nariz, ni mete los dedos en el enchufe, ni las manos en la lata.
Soy un adulto responsable que come bonobones y deja los papeles en el bolsillo interno de la cartera.
Soy un adulto responsable que nunca encuentra la sube cuando se para enfrente del lector, y el colectivero,generalmente, le dice: Pasá.
No soy un adulto tan responsable en general...
Cuando no tengo tiempo, disfruto tanto de pensar las cosas que haría si tuviera tiempo!
Y cuando lo tengo, me digo, uh... ahora no tengo ganas de hacer eso que quería hacer cuando tuviera tiempo.
Y así.
Ahora pintaría... pero solamente de tener que preparar todo para hacerlo, solamente de pensar en la preparación me canso.
Y me canso mucho,y ya me duele el cuerpo del cansancio.
Y además, que puedo pintar?...
Es tan dificil decidirse qué
Todo merece un lugar.
Todo queda en la nada.
Porque la nada es todo.
Y todo es tan amplio!
Y así.
jueves, 27 de junio de 2013
Jardín
A veces no es fácil salirse de la oscuridad. A veces, es tan complejo correrse del propio dolor y de la nostalgia que todo se consuma en un poderoso enemigo.
Si, los seres humanos tenemos esa terrible capacidad.
Cuando ese dolor inconmensurable no cesa, cuando no sabemos cómo, ni dónde, ni de qué empezar a tirar para salir es cuando más necesario es estarse con uno mismo.
Tal vez ha sido ese el motivo de mi ausencia.
O no...
Soñé muchas cosas este últmo tiempo, pero hubo un sueño, que me quedó grabado, que quedó incrustado en el medio de mis ojos, fijo.
Iba yo niña, jugando con un niño, al que no conozco, por un jardin enorme, prehistórico. Por momentos pantanoso, verde, muy verde y lleno de neblina y vapor.
Jugábamos a la mancha, de a dos.
Ambos llevábamos ropa de niños de otra época, niños de principio de siglo, yo, con el pelo atado en una media cola, él con el pelo oscuro y blanquisima piel.
El juego nos tenía entretenidos y la infinidad de ese jardín también. Su profundidad era de temer, en todos los rincones había cantidad de verdes. Desde algunas partes se podía ver hacia abajo y saltábamos desde un arbol al otro, sin miedo... nada podía pasarnos.
Pese a eso, había una sensación de peligro, pero, era algo placentero, algo que generaba vértigo y risas.
Mi amigo saltaba de un arbusto al otro y cuando caía, salían espumas verdosas de algunos lugares pantanosos. Parecía que iba a salirse un monstruo prehistórico más verde que toda la vegetación entera y junta.
El vestido que llevaba puesto era rojo, abotonado hasta abajo, con un borde blanco de puntilla, él tenía una camisa a cuadros y una bermuda color marrón claro. Ambos teníamos mocasines, que estaban repletos de plantas verdes. Desde algunos lugares veíamos el cielo y esa inmensidad de jardín, pantanoso, antiguo y eterno.
En un momento, llegamos a un lugar donde, no se veía nada, un abismo.
Nos miramos. Sonreímos, después, reímos a carajadas. Nos tomamos de la mano y saltamos.
Los cuerpos en el aire, la voz, el grito
La adrenalina.
El amor infantil.
Ahí, me desperté.
Si, los seres humanos tenemos esa terrible capacidad.
Cuando ese dolor inconmensurable no cesa, cuando no sabemos cómo, ni dónde, ni de qué empezar a tirar para salir es cuando más necesario es estarse con uno mismo.
Tal vez ha sido ese el motivo de mi ausencia.
O no...
Soñé muchas cosas este últmo tiempo, pero hubo un sueño, que me quedó grabado, que quedó incrustado en el medio de mis ojos, fijo.
Iba yo niña, jugando con un niño, al que no conozco, por un jardin enorme, prehistórico. Por momentos pantanoso, verde, muy verde y lleno de neblina y vapor.
Jugábamos a la mancha, de a dos.
Ambos llevábamos ropa de niños de otra época, niños de principio de siglo, yo, con el pelo atado en una media cola, él con el pelo oscuro y blanquisima piel.
El juego nos tenía entretenidos y la infinidad de ese jardín también. Su profundidad era de temer, en todos los rincones había cantidad de verdes. Desde algunas partes se podía ver hacia abajo y saltábamos desde un arbol al otro, sin miedo... nada podía pasarnos.
Pese a eso, había una sensación de peligro, pero, era algo placentero, algo que generaba vértigo y risas.
Mi amigo saltaba de un arbusto al otro y cuando caía, salían espumas verdosas de algunos lugares pantanosos. Parecía que iba a salirse un monstruo prehistórico más verde que toda la vegetación entera y junta.
El vestido que llevaba puesto era rojo, abotonado hasta abajo, con un borde blanco de puntilla, él tenía una camisa a cuadros y una bermuda color marrón claro. Ambos teníamos mocasines, que estaban repletos de plantas verdes. Desde algunos lugares veíamos el cielo y esa inmensidad de jardín, pantanoso, antiguo y eterno.
En un momento, llegamos a un lugar donde, no se veía nada, un abismo.
Nos miramos. Sonreímos, después, reímos a carajadas. Nos tomamos de la mano y saltamos.
Los cuerpos en el aire, la voz, el grito
La adrenalina.
El amor infantil.
Ahí, me desperté.
martes, 30 de abril de 2013
Mientras Reina la Máxima
La posición que habito es completamente incómoda. Tanto que siento que partes del cuerpo empiezan a cosquillearme.
Está casi tan vinculado, lo que sucede en el cuerpo, con lo que acaece en el resto de la tríada (léase cuerpo, alma, mente)
Siento que un hemisferio de la mente lo tengo avasallado de menesteres que no puedo cumplir. Uno y otro no engranan muy bien ultimamente...
Y así con el alma. Esa que nos hace brillar u opacar todo lo que nos rodea con una impertinencia que estremece.
Por eso me permito dejar a un lado a Benjamin y sus teorías. No llego a recordar absolutamente nada de lo que me cuenta, no porque no sea interesante, ¡no me malinterpreten!, sino porque simplemente en este momento sigue de largo delante de mis ojos todo su saber.
Sinceramente este estado se asemeja más bien a una especie de purgatorio insurrecto, posmoderno, habitado por un montón de basuras tecnológicas que alimentan su letargo y lo vuelven eterno...
La música suena fuerte y alta. La luz estuvo muy blanca y después se volvió tenue.
La sombra de la mano mientras escribo es similiar a una araña negra de diez patas, danzando con otra que parece competir en velocidad.
Ruidos de ascensor. Gritos.
Sí... mis vecinos siempre pelean. Gritan y dejan su puerta entreabierta sosteniéndola con un caballito inflable al que parecen salirsele los ojos cada vez que le aprieta su gordo vientre la puerta de madera.
Pienso que me gusta escribir. Me gusta demasiado la lectura pero ultimamente no estamos siendo muy buenas amigas. Ella está pudiendo confesarse pocas veces en mi regazo, mientras yo casi ni puedo escucharla... supongo que esto influye en que estemos compartiendo tan pocos momentos juntas. Insistiré insoslayablemente con esa relación. Siempre que la concilio, termino con una sonrisa enorme en el rostro.
Está casi tan vinculado, lo que sucede en el cuerpo, con lo que acaece en el resto de la tríada (léase cuerpo, alma, mente)
Siento que un hemisferio de la mente lo tengo avasallado de menesteres que no puedo cumplir. Uno y otro no engranan muy bien ultimamente...
Y así con el alma. Esa que nos hace brillar u opacar todo lo que nos rodea con una impertinencia que estremece.
Por eso me permito dejar a un lado a Benjamin y sus teorías. No llego a recordar absolutamente nada de lo que me cuenta, no porque no sea interesante, ¡no me malinterpreten!, sino porque simplemente en este momento sigue de largo delante de mis ojos todo su saber.
Sinceramente este estado se asemeja más bien a una especie de purgatorio insurrecto, posmoderno, habitado por un montón de basuras tecnológicas que alimentan su letargo y lo vuelven eterno...
La música suena fuerte y alta. La luz estuvo muy blanca y después se volvió tenue.
La sombra de la mano mientras escribo es similiar a una araña negra de diez patas, danzando con otra que parece competir en velocidad.
Ruidos de ascensor. Gritos.
Sí... mis vecinos siempre pelean. Gritan y dejan su puerta entreabierta sosteniéndola con un caballito inflable al que parecen salirsele los ojos cada vez que le aprieta su gordo vientre la puerta de madera.
Pienso que me gusta escribir. Me gusta demasiado la lectura pero ultimamente no estamos siendo muy buenas amigas. Ella está pudiendo confesarse pocas veces en mi regazo, mientras yo casi ni puedo escucharla... supongo que esto influye en que estemos compartiendo tan pocos momentos juntas. Insistiré insoslayablemente con esa relación. Siempre que la concilio, termino con una sonrisa enorme en el rostro.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Ajedrez
Justo en ese momento en el que sentí nuevamente que una sonrisa iluminaba mi cara fue cuando pude dejarte verme.
Inesperadamente encontramos un punto de conexión inmediato, pegadizo y vibrante. Dulce, inacabado, constante.
La falta de paciencia nos llevó hacia ese lugar. Pudimos dar el espacio para sentir todo ese mar que llevábamos dentro, que aún no encuentra un cauce y sigue haciendo remolinos de agua.
El alboroto del comienzo del juego, genera ansiedad. La ansiedad crea una necesidad ficticia, que de vez en cuando se vuelve turbia, agridulce con un fondo de dulce de coco. Tantas palabras escribimos ya que por momentos todo se vuelve un divino presagio.
Todos los márgenes de tiempo pierden su forma y color natural. Todo se vuelve extremadamente saturado y cálido, muy cálido, muy intenso en forma y contenido. De pronto me doy cuenta que es verano! Y que todavía tengo mucho por soñar cerca del río.
Y sí, el olor de tu cuerpo me transmite paz.
El permitirme dejar en algún lugar, encerrado, ese árbol en esa tarde de sol.
Los diálogos son eternos y hasta perduran en la mente y el corazón.
La distancia del cuerpo físico, no impide sentirnos cerca, eso, es mágico.
Inesperadamente encontramos un punto de conexión inmediato, pegadizo y vibrante. Dulce, inacabado, constante.
La falta de paciencia nos llevó hacia ese lugar. Pudimos dar el espacio para sentir todo ese mar que llevábamos dentro, que aún no encuentra un cauce y sigue haciendo remolinos de agua.
El alboroto del comienzo del juego, genera ansiedad. La ansiedad crea una necesidad ficticia, que de vez en cuando se vuelve turbia, agridulce con un fondo de dulce de coco. Tantas palabras escribimos ya que por momentos todo se vuelve un divino presagio.
Todos los márgenes de tiempo pierden su forma y color natural. Todo se vuelve extremadamente saturado y cálido, muy cálido, muy intenso en forma y contenido. De pronto me doy cuenta que es verano! Y que todavía tengo mucho por soñar cerca del río.
Y sí, el olor de tu cuerpo me transmite paz.
El permitirme dejar en algún lugar, encerrado, ese árbol en esa tarde de sol.
Los diálogos son eternos y hasta perduran en la mente y el corazón.
La distancia del cuerpo físico, no impide sentirnos cerca, eso, es mágico.
viernes, 1 de febrero de 2013
Manual para proteger los sueños (algo nuevo, algo viejo, algo azul. 2009)
Sea muy precavido con sus sueños.
Cúbralos todas las noches con un cobertor plástico preferentemente... suelen transferirse por las telas.
Tenga mucho cuidado cuando destapa su cabeza, pueden escaparse por sus orejas.
Una vez que estén cubiertos, déjelos en remojo con sus ideas para que estén bien empapados de actualidad mental.
Cuídelos de la lluvia. Suelen chorretearse por las alcantarillas, las cloacas, las calles, el cemento... sobre todo en los empedrados.
Si Ud. encuentra un sueño que No le pertenece, devuélvaselo a su dueño! Hay muchas personas descuidadas, despistadas y desalineadas que pierden sus sueños por ahí, sin ton ni son y NO es muy agradable quedarse sin sueños.
Como Ud. ya sabrá, los sueños no poseen garantía, ni seguros contra robo o incendio, tampoco contra daños a terceros.
Atte.
Oficina de soñadores.
Cúbralos todas las noches con un cobertor plástico preferentemente... suelen transferirse por las telas.
Tenga mucho cuidado cuando destapa su cabeza, pueden escaparse por sus orejas.
Una vez que estén cubiertos, déjelos en remojo con sus ideas para que estén bien empapados de actualidad mental.
Cuídelos de la lluvia. Suelen chorretearse por las alcantarillas, las cloacas, las calles, el cemento... sobre todo en los empedrados.
Si Ud. encuentra un sueño que No le pertenece, devuélvaselo a su dueño! Hay muchas personas descuidadas, despistadas y desalineadas que pierden sus sueños por ahí, sin ton ni son y NO es muy agradable quedarse sin sueños.
Como Ud. ya sabrá, los sueños no poseen garantía, ni seguros contra robo o incendio, tampoco contra daños a terceros.
Atte.
Oficina de soñadores.
jueves, 31 de enero de 2013
Corría un pasillo a toda velocidad. Un pasillo antiguo, un pasillo de PH. Las paredes descascaradas y el olor a humedad se pregnaba en el ambiente. En un momento dado, siente la necesidad de correr por ese mismo lugar, con un carrito de compras. El pasillo, ilimitado, largo y profundo abría sus surcos según las ondulaciones de la tierra. No se veía nada más que las paredes que la apretaban hacia los costados, como intentando impulsarla hacia adelante. De pronto, ese carrito de compras, era perseguido por una sirena de policía. La velocidad de la carrera aumenta, el pulso se acelera.
Ella sentía el miedo. El olor a miedo y a humedad la obligaba a seguir a toda velocidad por ese inconmensurable y lánguido pasillo. Ese pasillo putrefacto de arrabal. La carrera ya no tiene pausa, es imposible volver atrás. La luz disminuye y todo se tiñe de un azul profundo, cada vez más olor a humedad, ahora mezclado con el sudor que emana de la carrera. La necesidad de escapar de aquello que la persigue es más fuerte que el miedo, el miedo corre.
Inesperada puerta. No pudo frenar. Golpe, choque. Atravesó un vidrio grueso, esmerilado como las botellas antiguas. El dolor del vidrio en la carne. la carne viva atravesada por el vidrio y el metal. Las ruedas del carrito de compras, junto con su cuerpo salen despedidos por el aire. La caída. El silencio. La paz.
Ella sentía el miedo. El olor a miedo y a humedad la obligaba a seguir a toda velocidad por ese inconmensurable y lánguido pasillo. Ese pasillo putrefacto de arrabal. La carrera ya no tiene pausa, es imposible volver atrás. La luz disminuye y todo se tiñe de un azul profundo, cada vez más olor a humedad, ahora mezclado con el sudor que emana de la carrera. La necesidad de escapar de aquello que la persigue es más fuerte que el miedo, el miedo corre.
Inesperada puerta. No pudo frenar. Golpe, choque. Atravesó un vidrio grueso, esmerilado como las botellas antiguas. El dolor del vidrio en la carne. la carne viva atravesada por el vidrio y el metal. Las ruedas del carrito de compras, junto con su cuerpo salen despedidos por el aire. La caída. El silencio. La paz.
viernes, 18 de enero de 2013
Sí. Sinceramente hay días en los que me gustaría salirme de adentro. Salir desde lo más interno y profundo a lo más amplio y abierto, a lo más descampado y estéril. A Algún lugar donde no haya nada más que nada, donde el pensamiento no exista, ni la televisión, ni los pochoclos, ni la internet. Sin tiempo ni espacio. Un letargo de la vida, donde se puedo uno limpiar. Tranquilo. Volver limpito, fresco e inocente.
Lo mejor sería poder recordar ese momento estéril, con lo cual, la memoria tendría que estar presente y activa... eso implicaría una parte del pensamiento, pero nada más. El resto, nada, sólo el recuerdo, sin ninguna construcción de idea, de terceridad, de ley o razón.
La razón es aquello que los hombres y mujeres utilizamos para darle explicación a todo lo que habita en el mundo y por fuera de él también, incluyéndonos a nosotros mismos. El inconveniente, es que la razón no todo lo puede y no todo lo alcanza, es ahí donde entra al juego la fe.
El mero hecho de creer en algo implica que no se sabe si eso en que se cree, es o no verdadero. Es necesario, comprobarlo. Pero a veces, el sólo creer, nos obliga impetuosamente a crear.
Así como según muchos (en los que me incluyo) el hombre creó a Dios, todo lo que nos rodea, para que podamos crearlo, es necesario que sea algo en lo que creemos. Si yo no creo en la existencia de esta computadora, difícilmente pueda hacer uso de ella, de sus recursos, de su teclado en este caso.
Una vez llegué al punto máximo de falta de fe. Por varios motivos, pero ya fonéticamente no me convencía... había algo entre ella y yo que no concordaba... tengo la sensación de que no tenemos mucha piel.
Lo mejor sería poder recordar ese momento estéril, con lo cual, la memoria tendría que estar presente y activa... eso implicaría una parte del pensamiento, pero nada más. El resto, nada, sólo el recuerdo, sin ninguna construcción de idea, de terceridad, de ley o razón.
La razón es aquello que los hombres y mujeres utilizamos para darle explicación a todo lo que habita en el mundo y por fuera de él también, incluyéndonos a nosotros mismos. El inconveniente, es que la razón no todo lo puede y no todo lo alcanza, es ahí donde entra al juego la fe.
El mero hecho de creer en algo implica que no se sabe si eso en que se cree, es o no verdadero. Es necesario, comprobarlo. Pero a veces, el sólo creer, nos obliga impetuosamente a crear.
Así como según muchos (en los que me incluyo) el hombre creó a Dios, todo lo que nos rodea, para que podamos crearlo, es necesario que sea algo en lo que creemos. Si yo no creo en la existencia de esta computadora, difícilmente pueda hacer uso de ella, de sus recursos, de su teclado en este caso.
Una vez llegué al punto máximo de falta de fe. Por varios motivos, pero ya fonéticamente no me convencía... había algo entre ella y yo que no concordaba... tengo la sensación de que no tenemos mucha piel.
sábado, 5 de enero de 2013
Siempre sentí que mientras soñaba estaba viviendo en otro mundo. Que en esos sueños podía permitirme la emancipación de toda ley o regla y poder hacer cualquier cosa que desee.
Pero el inconsciente, a veces amigo de los niños, se presenta misterioso para los adultos y no deja de mostrarme su hilacha. Una hilacha brillante y puntiaguda, con forma de cuchillo tramontina, con dientes para apoderarse de a poco de aquello que me queda sano. O que al menos siento sano.
Esa es la sensación de la pesadilla. La pesadilla es ese lugar en el que todos los peores pensamientos se consuman en sólo un momento y se produce una especie de pánico de que Eso sea Real.
Es esa sensación de querer y no poder. De querer despertar, de querer golpear y que el golpe salga torpe y denso, de querer correr y que las piernas no funcionen... es ese momento en el que pienso: y sí que se vaya todo a la mierda, entonces me permito hacer cualquier cosa, cualquier cosa que sirva para salir de ahí o para desde ahí intentar cumplir mi deseo, que aparece frustrado en la pesadilla. Como aquello que está ahí riéndose en mi propia cara porque no puedo alcanzarlo.
La obstinación con la que se maneja el ser humano es increíble. Nos sumergimos en ese mundo de deseos que es a veces tan palpable y denso, tan creíble y tan doloroso. Y cuando resulta bien, tan placentero!
El sueño es ese momento en el que todos nos encontramos tan cerca de nosotros mismos que a veces todo se vuelve algo confuso, difícil de entender y hasta indescifrable. Es ese momento en el que realmente siento que mi cabeza es una especie de ensalada Waldorf que abunda en manzanas.
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